El 1 de mayo, una fecha que llama a la defensa de los derechos

Áreas y Proyectos Diocesanos - Área de Empleo

 

Seis millones de personas sin empleo no es un argumento para celebrar el Día del Trabajo. No obstante, no debemos olvidar que este día se eligió en recuerdo de los trabajadores asesinados en Chicago durante las reivindicaciones de 1886 para conseguir, entre otras cosas, una jornada laboral de ocho horas –hasta entonces se permitían jornadas que no superaran las 18 horas diarias-.

 

 

A lo largo de este inicio del siglo XXI, hemos ido viendo y viviendo como en nombre del bien común y de los intereses económicos, los pasos que nos han marcado nos acercan cada vez más al 1 de mayo de 1886 en lugar de hacerlo hacia el 2013.

Las propuestas laborales quieren convertir un derecho que costó la entrega de cientos de miles de vidas a lo largo de los años, en un beneficio escaso para una parte de la población (hoy en Canarias sólo trabajan una de cada tres personas y, en el caso concreto de los jóvenes, el 70% no logran un empleo), y lo que es peor, condicionan el resto de los derechos (salud, educación, vivienda, vida digna…) al trabajo. O lo que es lo mismo, de cada tres personas en Canarias, una no trabaja y se sitúa en los límites o dentro de los límites de la exclusión social, una de cada tres personas tiene o tendrá problemas para acceder a derechos como la Salud, la Vivienda o la Educación.

Por eso, el Primero de Mayo de 2013 no puede ser una celebración, debe ser un acto de reivindicación, una llamada que nos despierte, un soplo de los vientos que, hace más de un siglo, consiguieron unir las voces de cientos de miles de trabajadores y trabajadoras para hacer posible un cambio social, primando los intereses de la persona por encima de los intereses económicos o de la rentabilidad. Desde Cáritas creemos, firmemente, que no hay mayor interés que la promoción de la persona y la defensa de sus derechos.

El amor al prójimo, como Cristo nos enseñó, no se hace desde posiciones de poder, sólo desde la igualdad y la comunidad.

Si amamos a las personas debemos amar sus derechos y, por tanto, respetarlos, y sólo en comunidad podemos construir otra sociedad.

 

 

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