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Testimonio. Mujeres en situación de sin hogar. Teresa: "Nunca dije nada por miedo a llevarme una puñalada"

Áreas y Proyectos Diocesanos - Área de Vivienda

Teresa, 49 años.

Yo tengo mi pasado muy enterrado, porque yo quiero olvidar las cosas malas. Por eso yo nunca me he cogido una depresión ni nada... porque sé tapar las cosas.

Estuve muchos años en la calle. Desde los 18. Ahora tengo 48 años. En algunas épocas he tenido diferentes alojamientos, pero la mayor parte de estos 30 años he estado en la calle. Yo a veces, cuando estoy tranquila, en mi soledad... me pongo a pensar y me vienen recuerdos. A veces escribo sobre lo que he vivido y saco cosas, resuelvo cosas que me habían preocupado, cosas que no había entendido. 

Cuando te encuentras sola, en la calle, lo primero que tienes es miedo. No tienes apoyo de nadie, no tienes orientación, no sabes dónde ir. Te encuentras como si estuvieras en un desierto, tú sola. Aunque haya millones de personas a tu alrededor, tienes miedo, desconfías...

Durmiendo, alguna vez que me levanté para hacer mis necesidades, me encontré con que me lo habían quitado todo: mi colchoneta, mi manta, mi ropa, mi mochila... Tuve que quedarme ahí en un rinconcito sin nada, pasando frío. Cuando no aguantas más el frío, te vas a un sitio con techo, pero llegan los guardias de seguridad a echarte. Siempre te dicen que es una propiedad privada, que está prohibido...  Acabas en un banco en un parque. Si llueve o lo que sea, se pasa mal.

Yo me he visto durmiendo debajo de una palmera durmiendo, están llenas de ratas y ratones... tengo marcas en el brazo de una mordida de rata. Un compañero se despertó una mañana con la oreja mordida por una rata, lleno de sangre. Fue porque dormía con una bolsa de comida como almohada y se acabaron comiendo su oreja. Teníamos unas pistolas de mixtos para asustarlas y echarlas, porque venían directas a la poca comida que teníamos.

A mí me han agredido, me han pegado, me han violado... Yo he estado durmiendo en la calle y me han venido unos tíos borrachos que me han meado encima mientras dormía. Como si yo fuera basura. Si te levantas a defenderte con un palo o algo, te pegan, te quitan la ropa, te violan... Ahí tirada te dejan y nunca los cogen.

Yo siempre ha mantenido la boca cerrada. Nunca dije nada por temor a llevarme una puñalada o a que venga una pandilla y me diera una buena paliza. Todas esas cosas pasan en la calle.

Yo me quedaba por el puerto. Una vez, unos marineros me invitaron a subir a un barco. Me dijeron que me invitaban a comer, pero me dejaron encerrada en un camarote. Entró un hombre con un cuchillo y se puso a gritar que si los drogadictos esto, que si los drogadictos lo otro. Me volvió a dejar sola  y aproveché para romper la puerta de cristal  de una patada y salir de allí. Intenté esconderme por la cubierta del barco, pero me encontraron. Tuve que salir corriendo hasta que encontré un taxi que me sacó de allí, aunque me dejó a mitad del camino porque yo no tenía dinero. Por lo menos pude evitar a los que me perseguían, pero pasé miedo.

Otra vez me metí en un barco y me encerraron en una cámara frigorífica de pescado. Estuve ahí un buen rato, congelándome. Hasta que no vino el capitán, no pude salir de allí.

Me han pasado un montón de cosas.

Una vez me estuve quedando en una habitación de un piso compartido. Yo pagaba 150 euros por esa habitación. Tenía mis recibos y todo. El hombre que me alquilaba la habitación se me insinuaba, pero al principio la relación era respetuosa. Pero al mes o mes y medio, me trataba como si yo fuera suya. Un día se me tiró encima, quería tener relaciones conmigo, pero yo no quería. Era un hombre que conocí a través de Gánigo. Me decía que él tenía una pensión fija, que mi ayuda de emergencia se me acabaría y que me quedara con él, pero yo no quería. Yo no fui a esa casa para tener relaciones con él, yo lo que quería era tener un techo por un par de meses, hasta que Cáritas me consiguiera una plaza en un centro o algo. Pero me forzó, me pegó puñetazos hasta que logré sacar el móvil y llamar a la policía. Él me cogió el móvil y lo tiró por la ventana. Yo traté de defenderme, pero no tenía ni fuerzas porque había recibido muchos golpes en la cabeza. Luego me dejó encerrada, tirada en la habitación y se fue antes de que llegara la policía.

El hombre se adelantó y fue a denunciarme. Fue diciendo que yo le había forzado para robarle 200 euros. Yo, la noche anterior estuve escuchando ruidos. Lo que pasó es que él estaba preparando todo lo del robo, por si no me dejaba violar, acusarme del robo.

Tuvimos un juicio y todo. Él mentía. Ese hombre me atacó y luego mintió diciendo que la puerta estaba forzada... pero todo eso lo había preparado él. Otro chico ecuatoriano que vivía con él no me ayudó. Yo fui a buscar su ayuda, le dije que me estaban amenazando con un cuchillo, que me quería violar, pero no hizo nada. Me pidió que saliera de la habitación. No me ayudó.

 
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