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Carta de nuestro Obispo a los Fieles de la Diócesis de Canarias

En el día de hoy, Solemnidad de la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo en que celebramos la Jornada por la Vida bajo el lema, «Custodios de la Vida», veo oportuno compartir con ustedes una reflexión sobre los problemas de la actual situación social y económica que estamos asistiendo, que afecta especialmente a nuestros hermanos más necesitados.

Recientemente se viene observando en nuestras Cáritas, diocesana y parroquiales, un importante incremento en el número de personas que se acercan a nuestros servicios para solicitar ayuda. El aumento ha sido tal, que caritas se encuentra al límite de sus capacidades para atender todas las demandas que nos llegan.

 

La crisis socioeconómica que estamos viviendo, acentuada por la pandemia que sufrimos en estos momentos, ha complicado las condiciones de vida de las familias más vulnerables de nuestra Diócesis. A ello hay que sumar la crisis migratoria, que acentúa las dificultades en el reconocimiento de los derechos de los personas, ya que muchos de ellos no pueden continuar su proceso migratorio hacia la península y Europa y se ven obligados a vivir una situación de absoluto desamparo, sin techo y como personas sin hogar. Aún escuchamos el grito silencioso de esa niña conocida como Nabody, fallecida en el hospital tras sufrir las consecuencias de cruzar el océano en patera, que llama intentando despertar conciencia de esta opulenta sociedad europea.

Los cooperadores de Cáritas perciben la insuficiencia de los organismos públicos en la atención y en el reconocimiento de los derechos de los migrantes, en especial en el derecho a la movilidad, a la alimentación y a la vivienda. Las instituciones públicas no pueden olvidar la obligación de proteger a los más desfavorecidos y el deber de ayudar y facilitar la labor que desarrollan las entidades sociales que están contribuyendo, de manera decisiva, a paliar las consecuencias de esta crisis social. Nuestros gobernantes no pueden olvidar que nuestra comunidad canaria es una más de  las comunidades nacionales que forman nuestra nación, donde todos tenemos los mismo derechos y servicios fundados en la igualdad y la solidaridad. No se puede ignorar el derecho a la movilidad y la necesaria cooperación solidaria de todas las comunidades autónomas.

Agradezco la solidaridad mostrada por nuestra sociedad canaria. De hecho, son muchas las personas, empresas y entidades que gracias a su ayuda y aportaciones hacen posible la labor caritativa de la Iglesia. Pero hemos de ser conscientes de que queda mucho por hacer y las necesidades siguen en aumento.

Nuestras Cáritas siguen llamando a la generosidad y la solidaridad de todos para continuar con los proyectos de acción social que están desarrollando y, así, permanecer al lado de los más perjudicados por esta crisis sin precedentes. Junto a la ayuda económica que pueden hacer  efectiva a través de donativos o de una suscripción, también se necesitan colaboradores que acompañen a personas en situación de exclusión social, especialmente traductores de francés y árabe, así como personas que se integren en nuestro servicio jurídico ofreciendo asesoramiento legal. También necesitamos urgentemente a personas con competencias digitales para dar asesoramiento y colaborar en la gestión de ayudas sociales de forma telemática.

Hago mías las palabras de la subcomisión para la familia y la defensa de la vida, afirmando que “La Iglesia, que es Madre, nos invita a tener esa valentía creativa en la custodia y la defensa de la vida humana. Queremos agradecer a todas aquellas personas que, movidas por su fe o por la solidaridad humana, desde el ámbito eclesial o civil, con valentía creativa, llevan a cabo todo tipo de iniciativas para promover la cultura de la vida. Gracias a los que acompañan a las mujeres embarazadas en situación de vulnerabilidad que, de otro modo, se verían abocadas al aborto. Gracias a los que cuidan con tanto cariño y generosidad a los mayores y a los enfermos terminales, evitando así que sientan que son una molestia y que se planteen la eutanasia como una salida. Recordemos que «incurable, de hecho, no es nunca sinónimo de “in-cuidable”.

Tengo muy presente y agradezco todo el esfuerzo que hacen nuestros sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos voluntarios de Cáritas y tantas personas que de un modo u otro colaboran para responder a las necesidades que tenemos, haciéndoles auténticos custodios de la vida.

Contad siempre con mi reconocimiento y oración. Acudamos a la intercesión de san José, custodio de la vida y de santa María, Nuestra Madre del Pino, modelo de caridad y servicio, para que nos hagan apóstoles del Evangelio de la Vida.

Las Palmas de Gran Canaria, 25 de marzo de 2021.-

+ José Mazuelos Pérez. Obispo de Canarias

 

 
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